Aunque
la fragaria (o planta de fresa), crece de forma natural en bosques y claros de
montañas y su fruto es por naturaleza propio del final de la primavera y el
verano; hoy en día su producción con técnicas de invernadero y comercialización,
hacen fácil poder encontrarlas casi durante todo el año en cualquier frutería;
manteniendo su sabor y aroma. La fresa y todos sus derivados han triunfado en
nuestra cesta de la compra.
El
secreto de su éxito probablemente no solo se encuentre en sus características
más notables, sus cualidades medicinales superan con creces sus rasgos más
inmediatos. Diurética, antirreumática, antiinflamatoria o mineralizante; son
solo algunas de las cualidades que tradicionalmente le han sido bien conocidas.
Las hojas machacadas y aplicadas sobre la piel constituyen un buen remedio para
evitar las arrugas.
Como
no todo es fresas con nata, azúcar, o postres; el licor de fresa presenta una
inmejorable oportunidad para mantener su sabor y cualidades durante todo el año
a nuestro alcance. Para fabricar el nuestro propio, basta con dejar macerar en
un litro de aguardiente 200g de fresas y azúcar al gusto, aproximadamente
durante unos 60 días; si bien es cierto que existen multitud de variantes que
difieren principalmente en el modo de tratar los frutos antes de la maceración
y la suma de otros ingredientes como canela, clavo o piel de limón, para
conseguir sabores más elaborados. El licor de crema de fresas es sin duda una
de las opciones más sabrosas y apetecibles para todos los gustos.
Como
casi para la mayoría de los licores, una buena parte de su éxito consiste en
servirlos muy frío y añadirles un toque personal a la presentación.

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