Acaba de entrar el otoño, y a
medio camino entre lo que fue y lo que está por venir, como cada año algo
empieza a cambiar con cada minuto que vamos acortando los días y cada grado que
no volverá hasta el próximo estío. Como si una herencia milenaria, heredada, me
hablase al oído muy bajo, tan bajo que solo dormido pudiera oírlo, algo va
cambiando también en mis gustos y casi sin darme cuenta encamino mis deseos más
hacia todos los sabores dulces y comienzo a olvidar mi pasión por cualquier
clase de bocado salado. Supongo que debe de tener alguna explicación.
En este sueño dulce y placentero,
aderezado con una pizca de nostalgia, debería de encontrarme la otra tarde
cuando un sabor que no había probado desde hace mucho tiempo, llenó mi memoria
y mi paladar con esa sensación y apetito que nos vuelve caprichosos y
antojadizos. Aunque no es para menos.
Fue entre los más frondosos
bosques gallegos la primera vez que probé la Tarta de Santiago, junto con un
vaso de leche bien caliente. Aquella calidad y reconfortante sensación aún
permanece grabada. Ese sabor a bizcocho tradicional de almendra con el toque de
azúcar, esponjoso y granulado... ¿quién
se puede resistir?.
Pues resulta que sí, como casi
todo lo bueno de verdad en España, la Tarta de Santiago posee desde 2005 un
sello de Indicación Geográfica Protegida (I.G.P.) amparando y protegiendo una
receta tradicional que es costumbre y orgullo en toda Galicia.
Almendra molida de primera
calidad, azúcar, huevos y ralladuras de limón es todo lo que admite una receta
que se pierde en los tiempos en los que estos ingredientes estaban solo al
alcance de las cocinas acomodadas y pudientes. Siempre de forma redondeada, no
sería hasta bien entrado el siglo XX, cuando comenzase la tradición de sellar
la tarta con la Cruz Templaria de la Orden de Santiago sobre la dorada
superficie, quedando así perfectamente identificada la exclusividad de su
origen.
El Camino de Santiago recorrido
cada año por miles de peregrinos del todo el mundo, a ayudado sin duda alguna a
difundir la receta y su inconfundible imagen, viajando de vuelta a casa en las
mochilas de los caminantes que encuentran en su sabor el más dulce souvenir de
la región.
Como no pudiese terminar de otra
forma, acabé comprando la mía por Internet y al día siguiente la tuve en casa
lista para acompañar el té de la merienda en las próximas tardes.
Disfruta del vídeo que he seleccionado

No hay comentarios:
Publicar un comentario