Para los que tengáis la suerte de estar por la Sierra de Aracena durante el puente de diciembre, os dejo una sabrosa recomendación: el XIV Mercado del Queso Artesano. Una deliciosa oportunidad para probar los quesos de la zona así como muchos otros invitados al evento.
El Parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche, es un destino turístico de primer orden y durante estos días, las suaves temperaturas y los numerosos senderos invitan a pasear por sus campos y pueblos. Hoteles y casas rurales con encanto acogen a los visitantes, garantizando una experiencia y un trato natural y cercano.
En el mundo de los quesos generalmente no existen medias tintas: o los amas o no puedes ni olerlos. Como no podría ser de otra forma, me considero un "ratón" de primera categoría en lo que a mi gustos por los quesos se refiere y siguiendo una buena y antigua costumbre, suelo terminar mis comidas con un pequeño trozo de algunos que procuro nunca me falten en la despensa. En todo caso, disfruto en el hiper siempre que puedo comprar pequeñas porciones y probar cada nueva variedad que encuentro.
Ya sea solo por alusión directa, aunque méritos no le faltan, está claro que mi siguiente post debía de ser al hilo del anterior, hacia este otro queso que rivaliza en forma con el San Simón da Costa. Sin duda alguna su nombre es uno de sus valores más directos, dibujando en la cara del que lo escucha nombrar, cuando menos, una media sonrisa que deja claro lo acertado de su "apellido" con la notable coincidencia de la forma. Y digo bien, coincidencia, ya que no deriva de la intención sino de la forma de los embudos en los que originalmente se dejaba cuajar la leche.
La Denominación de Origen Protegida Queso Tetillanació formalmente en el año 1992 aunque sus orígenes son milenarios y existen escritos del siglo I que hacen referencia a unos quesos confeccionados en la zona de Galicia a los que el célebre escritor de la época, Plinio el viejo, denominaba en el latín original "mamulas lactem", mamillas de leche o tetillas en nuestro castellano actual. Posee un sabor suave y cremoso, ligeramente ácido y salado. La pasta es de color marfil y la corteza, lisa y fina, alcanza tonos de amarillo pajizo. Sin duda alguna su mejor distintivo es esta tradicional forma cónica, de cóncava a convexa rematada con un pezón en el vértice.
Al año se elaboran unas 3.000.000 de piezas con una tasa de exportación en crecimiento sin lugar a dudas apoyada en el sello de calidad y confianza que le aporta la D.O.P. que garantiza su origen y tradicional fabricación.
No me cuesta mucho imaginarme una loncha ligeramente derretida tras pasar vuelta y vuelta por la plancha, sobre una rebanada de pan tostado y una pizca de hiervas aromáticas. Por suerte aún me queda un poco del Ribeiro de la cena.
Ayer, mientras hacia la compra de
la semana, como suelo hacer todos lo viernes por la tarde, escuché en el
supermercado, junto a los quesos, una conversación entre una pareja en la que
él animaba a la mujer a comprar un queso de tetilla -"¡que están de
oferta!"-, por supuesto, como buen ratón que soy, no me pude resistir y me
acerqué a coger uno para mí. Justo en ese momento me di cuenta del error y mi
cabeza empezó a elaborar éste y otro artículo más para los que nos gustan llamar
a las cosas por su nombre y aunque parecidos, disfrutamos apreciando las
singularidades de cada producto.
En efecto, no se trataba de un
Queso Tetilla, sino todo un señor queso Denominación de Orixe Protexida San
Simón da Costa. Aunque su forma de pera pueda llevar a error son dos entidades
perfectamente diferenciadas y distintas. El color de la corteza varía desde el
amarillo hasta el pardo y presenta un aspecto de cera, brillante, que delata
una de sus más apreciadas cualidades: el ahumado es una de sus características
claves. Nada más tocarlo ya queda en nuestras manos el olor propio a madera de
abedul y es esta cualidad quizás la nota
predominante que le confiere ese sabor tan deseado.
La historia de su elaboración se
pierde en el oscurantismo cultural de la edad media y no es hasta el siglo XIX
que se recogen las primeras menciones escritas. En 1999 se reconoce de forma
oficial la D.O. y a partir de este momento queda regulada su producción a la
comarca de Terra Chá, en la provincia de Lugo.
Se presenta en dos tamaños
únicos: uno grande, de 800 y 1500 gramos y el pequeño o "bufón" que
suele pesar entre 400 y 800 gramos. La maduración varia de 30 a 45 días según tallas. La
pasta semidura, presenta ligeros toques picante, con poca sal y suave, siendo
el aroma a humo de abedul la principal nota de su degustación.
Para los que hemos tenido la
suerte de poder andar por los campos de las tierras gallegas, es fácil
comprender el profundo arraigo que las queserías representan para esta cultura.
Los eternos prados verdes son el mejor incentivo para la producción de lácteos
de una calidad superior.
Finalmente y retomando el hilo
junto a los quesos en el supermercado, una cosa vino encadenada a la otra y
además del San Simón da Costa, compre un kilo de Mejillón de Galicia y una
botella de vino blanco D.O. Ribeiro. Por menos de 15 euros, una insuperable
cena para dos personas, con todo el sabor que una parte del Camino de Santiago
dejó grabado para siempre en mis recuerdos.