Pocos
frutos gozan en nuestros días de la fama y el reconocimiento que se merecen. En
el caso de la bellota de encina, su reputación y calidad ha llegado hasta
nuestros días encumbrada de la mano de los productos derivados del cerdo
ibérico criado y alimentado en las dehesas andaluzas y extremeñas. El
distintivo “de bellota” es sin duda, un añadido de distinción y sabor
insuperables.
Tradicionalmente,
no sólo han sido consumidas por el ganado. En la mesa típica ibérica, las bellotas
dulces han estado presentes habitualmente tal cual, crudas o bien cocidas o
asadas. Del mismo modo, son muchas las recetas que incorporan este fruto para
crear postres, dulces y licores. La harina de bellota fue muy apreciada antaño
para la elaboración de pan. Es un alimento rico en hidratos de carbono, grasas,
proteínas, vitaminas y minerales.
El
licor de bellotas es, sin lugar a dudas, uno de los grandes exponentes que
también ha contribuido al buen nombre de los productos de la dehesa. Su color,
oro viejo, y su aroma y sabor; transmiten toda la esencia de este espirituoso
cargado de tradición y prestigio.


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