
La llegada del otoño en el
Principado de Asturias es sinónimo de que una nueva campaña en la producción de
Sidra Asturiana está por comenzar. Con Denominación de Origen Protegido desde
el año 2002, esta singular bebida elaborada a partir de manzanas; es bien
conocida en todos los países de la
Europa atlántica desde tiempos a.C.; si bien
es cierto que es en está región española donde logra alcanzar las cotas de
calidad más alta y se ha convertido en signo de identidad propia.

En la actualidad, más de una
veintena de lagares ubicados por toda la geografía asturiana; recogen desde el
mes de septiembre una producción de
manzanas de unas 22 variedades cosechadas
en unas 600 hectáreas; comenzando la elaboración del mosto con el prensado de
la fruta, pasando después a la fermentación, el trasiego de los caldos y
culminando en el embotellado del néctar.

Oscilando entre los 4º y 6º de volumen alcohólico, la
Sidra Asturiana
tiene un carácter refrescante, con tonos verdes y dorados superiores a las
elaboradas en otros países. Es de sabor fresco y ligero con denominaciones
“seca”, “semiseca” o “dulce” según la presencia de azucares; y aroma limpio a
manzanas fresca.
“Natural”, “natural filtrada” y “espumosa”, son las tres
variedades de elaboración que se reconocen por el Consejo Regulado de la D.O.P.
El escanciado da el toque final
antes de ser degustada, despertando en la sidra todas sus cualidades y
acompañando la tradicional bebida de una singular forma de servirla que
despierta en propios y ajenos, la admiración de esta
técnica maestra. Sin lugar
a dudas, la pareja perfecta para acompañar un buen plato de
fabada asturiana.
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