martes, 28 de julio de 2015

Queimada


“Búhos, lechuzas, sapos y brujas;
Demonios, duendes y diablos;
espíritus de las vegas llenas de niebla,
cuervos, salamandras y hechiceras;
rabo erguido de gato negro
y todos los hechizos de las curanderas...”

Con estas líneas comienza el conjuro de la bebida-ritual más conocida de España, adentrándonos en el remoto y misterioso pasado celta de las tierras gallegas. Aunque el origen de este brebaje y su hechizo no es tan antiguo como pudiera parecer, no seré yo ni este Blog los que le resten ni un ápice de magia y embrujo a esta pócima.

Cualquiera que haya visitado estas tierras, recorrido el Camino de Santiago o haya sentido la más mínima curiosidad por conocer la casa del Apóstol; de seguro que se ha encontrado más de una vez ante la ocasión de probar o participar en el encantamiento entre barro y fuego con el que se ahuyentan los malos espíritus, se aleja a las meigas y alegran los corazones. Los cuatro elementos de la naturaleza mística: tierra, agua, aire y fuego; representados y unidos.

Los ingredientes son bien conocidos: aguardiente, azúcar o miel, cáscara de limón y naranjas y un puñado de granos de café. La receta queda en un segundo plano, oscurecida por las costumbres propias de cada hechicero. En el centro, rodeado por los ojos curiosos de los participantes, arden las llamas azules del espirituoso líquido iluminando el rostro del maestro de la ceremonia que recita en voz alta el conxuro sortilegio que permanecerá grabado en el libro de la memoria para siempre.





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