Todos tenemos esos días en los
que sin saber a ciencia cierta por qué, o quizás sí, necesitamos algo más para
poder lucir hasta que llegue la hora de acostarnos la más sincera de nuestras
sonrisas. Esos días en que vamos a necesitar recurrir a los pequeños trucos que
hemos ido aprendiendo con el paso de los años que nos ayudan a ofrecerle al
mundo nuestra más cálida expresión y amabilidad. La salud es cierto que entra
por la boca, y la felicidad, si agrada a los sentidos, también.
Desde que soy capaz de recordar,
en mis primeros años de vida, asocio el miércoles con el día del Sol.
Mentalmente, de forma abstracta, la palabra "miércoles" lleva
intrínseca el color amarillo y el naranja más intenso, superpuestos uno a otro
como discos luminosos que se entrelazan. Y sé por qué.
Como cualquier niño, lejos de
saber aún apreciar el sabor de legumbres, guisos o potajes, el miércoles, sí,
como todos los miércoles de cada semana, mi madre nos preparaba para comer
patatas fritas con huevo, el máximo placer culinario que un niño puede
entender. Quizás pueda parecer sencillo, pero intentar reproducir aquel sabor
de las que comía de vez en cuando en casa de mi abuela, supone todo un desafío
aún hoy en día.
El aceite que elijamos, los
huevos más frescos de corral, la sal o incluso los ajos que le añadamos (si
las preferimos así), todo esto, puede no ser suficiente si no escogemos las
patatas adecuadas. Porque aunque pueden parecer iguales muchas unas a otras,
hay diferencias en mayúsculas que suponen un acierto en nuestros platos.
A unos mil metros de altitud, en
la Comarca del Baix Camp, en Tarragona, se encuentran los municipios de Prades,
Capafonts, La Febró y Arbolí, en cuyas tierras frescas y fértiles, se siembran
unas patatas con nombre propio y calidad superior amparadas bajo la Indicación
Geográfica Protegida (I.G.P.) Patatas de Prades. De piel lisa y dura, sabor
dulce y persistente y un olor ligeramente acastañado, estas patatas se cultivan
de forma tradicional desde hace varios siglos y se recolectan a mano en los
primeros días de septiembre, sacándolas de la tierra con sumo cuidado para no
dañar tan esperada cosecha. Fáciles de identificar por su apariencia y el sello
de la marca de origen "I.G.P. Patatas de Prades", cuando busquemos lo
mejor, con el mejor sabor, es toda una recomendación a tener en cuenta.
Disfruta del vídeo que he seleccionado



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