En medio de las prisas, la comida
rápida y el estrés en el que a muchos de nosotros nos toca vivir algunas veces,
merece la pena detenerse, conceder a cada cosa no solo su tiempo, sino aún más,
para deleitarse en los detalles y la sensación que deja lo bien hecho.
Tranquilos, respirando de forma pausada, en un acto de reconocimiento a la
abundancia que nos rodea, debemos de diferenciar el abismo que hay entre comer
y alimentarse. Mientras que ésta última responde a la pura necesidad biológica y nada más; la primera, llevando en esencia a
la segunda, puede ser la más sutil de las experiencias si sabemos apreciar todo
lo que se esconde bajo el sabor y otras sensaciones primarias.
COMER, cuando se come el
mayúsculas, no es un acto de cantidad
sino de cualidad o grado. Es un reconocimiento a la cultura, la tradición y el
origen, un viaje sin tiempo en el que sin movernos de nuestra mesa podemos
sentir la voz de tierras lejanas que acompañan en su esencia a un vino, unas
verduras o la carne más sabrosa.
Aragón, quieta entre sus
impresionantes contrastes, entre montañas, lagunas y la árida estepa, queda
lejos de los ruidos y las prisas, en medio de sus numerosos parajes naturales
pastan y crecen los corderos seleccionados con el reconocimiento de la
Indicación Geográfica Protegida Ternasco de Aragón. Solo las razas autóctonas
aragonesas participan de esta distinción, siendo desde 1989 la primera carne
reconocida con una Denominación específica. El medio rural, el clima y una
tradición centenaria y sostenible son sin lugar a dudas el secreto de un sabor
único.
La carne es tierna, de sabor
suave y homogéneo, con un bajo contenido de grasas que le concede un merecido
reconocimiento como cardiosalusable. Es además una de las pocas carnes que han
puesto de acuerdo a musulmanes, cristianos y judíos, los tres pueblos que han
pastoreado por las tierras de Aragón, perpetuando cultura tras cultura una
tradición rica en recetas.
Ternasco de Aragón al vino tinto,
albondigón con salsa de setas, costillas a la villaroy o jarretes asados, son
solo algunas de las muchísimas y suculentas formas de preparar una carne que
casa con todo. Desde guisos, pasando por bocadillos y horneados, todo cabe
cuando partimos de la alta calidad del Ternasco y sus deliciosas combinaciones
para crear momentos tranquilos disfrutando de uno de los sabores más unidos a
la cultura aragonesa y española.
Disfruta del vídeo que he seleccionado
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