Perdidos en muchas ocasiones
entre elaboradas recetas de cocina, sus numerosos ingredientes y un rosario de
pasos a seguir, se nos escapa a menudo una máxima que desde este blog nunca me
cansaré de repetir: la sencillez también puede ser exquisita.
Sin menos preciar el resultado
que podamos obtener tras pasarnos un par de horas entre sartenes, cacerolas, el
horno y un sin fin de ralladuras, picaduras y espolvoreados, no debemos de
olvidar que desde que éramos niños hemos crecido disfrutando de la exquisita
sencillez de comer el pan con paté, mermelada o chocolate. En aquellos años
algo tan asequible y simple como un bocadillo de chorizo, mortadela o queso,
era un placer sincero e inocente que calmaba todas nuestras expectativas por el
deseo de comer algo rico.
Quizás hemos crecido demasiado,
pero nunca es tarde para dejaros ilusionar por el natural encanto de una
rebanada de pan untada con lo más delicioso que podamos añadir a nuestra cesta
de la compra.
Lo mejor de Mallorca no son solo
sus gentes o sus espectaculares paisajes para disfrutarlos en unas perfectas
vacaciones. Fuertemente arraigada a su cultura y alimentación, la Sobrasada de
Mallorca, con Indicación Geográfica Protegida desde 1996, es uno de esos
alimentos de los que todos hemos oído y solo algunos, los más afortunados, han
probado. Ciertamente, sobrasadas hay muchas en el mercado, pero solo una ha
conseguido hasta ahora reunir las cualidades de calidad y tradición para lucir
con orgullo su medalla distintiva y única.
Ingredientes tan naturales como
carnes picadas, pimentón, pimienta y sal es todo lo que admite el Consejo
Regulador de la marca para elaborar sus piezas que se presentan envasadas en
tripas naturales con tamaños y pesos que van desde los 200 gramos con apenas
unas semanas de maduración hasta el espectacular "bisbe" que puede
alcanzar los 30 kilos. Solo dos etiquetas diferencian a todas las piezas
indicando el origen de sus carnes: Sobrasada de Mallorca y Sobrasada de Mallorca
de cerdo negro, realizada esta última con carnes únicas de cerdo de la raza
autóctona mallorquina.
Terminado ya este post de hoy,
añadiré solo un pequeño detalle para los más sibaritas que buscan en el
siguiente escalón sacar el máximo partido a los sabores: sobre la rebanada de
pan untada con la sobrasada, una pequeña capa de cebolla cortada muy fina, una
pizca de pimienta molida y cinco minutos en el horno. -Sin comentarios-.
Salud!


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